Archivo de la categoría: Los relatos

Tierra de brujas y endemoniados

Juan Ángel Laguna Edroso

Tras la muerte de su esposa, un joven escritor vuelve con sus hijos al pueblo de sus antepasados, Binara. En él intentará reconstruir su vida sin darse cuenta de que hay quien desea hacerse con lo que más ama.

Fragmento:

…En un rincón, sentada en una mecedora, estaba una exigua ancitanita.
Percibí su presencia de inmediato, a pesar de que no emitía ningún sonido; tan
solo se balanceaba levemente, en silencio, con una sonrisa fija en los labios que
dejaba a la vista una dentadura mellada, llena de huecos. Sus ojos me miraban, punzantes, como si de un momento a otro fuera a decirme algo, pero su boca no se movía: estaba congelada en aquella mueca que, cuando más miraba, más siniestra me resultaba…

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Los signos de Caín

José María Tamparillas

¿De qué material está hecho el pasado, nuestro pasado más oscuro?
Está hecho de piedra, de una piedra negra y dura.
En el pueblo lo saben bien.
Ha surgido de la nada, convocada por Dios sabe qué extraño capricho. La roca se yergue en la Plaza. La roca les espera dispuesta a abrirse como una flor maligna, trazando con rasgos claros sus recuerdos más escondidos. Nada la destruye, nada la puede desgajar del suelo. Todos los habitantes del pueblo están encerrados en ella, con ellos su destino y el del pueblo en sí.

Fragmento:

…El miedo es una de las emociones más contagiosas que existe, y los
animales, unos seres lo suficientemente sensibles para captarlo, asimilarlo y mostrarlo; por eso se apretujaban en las esquinas, erizándoseles el pelo cuando alguna racha de viento seco traía un ruido inocente a sus oídos. El aire en el otoño suele ser frío en el pueblo. Todos estaban acostumbrados. Ese día lo era más. De una frialdad preternatural que venía de dentro, de lo más profundo del alma. A todos, hombres y animales, en sus respectivos escondrijos, se les hacía el pellejo carne de gallina. Nadie era capaz de mantener alejado el toque helado que surgía de su propio interior, acuciado por esos crueles maestros de ceremonia: le desesperación, la conciencia…


Señor del Moncayo

Fermín Moreno

El “Señor del Moncayo” se mueve en medio de historias que danzan paralelas.

La vida del viejo Antonio, entre lienzos y monedas que no cubren el día, se debate… La nostalgia surca su camino en los pliegues del tiempo y la inclemencia de la soledad, deja a su paso el recuerdo de su hija Eva, quien vive su dolorosa historia; desembocando en un sino ajeno a toda humana expectativa.

En un lugar cercano, Eva asume su culpa, en una historia de abandono, ignorancia supina y vertiginosa carrera por salvarse. Y de las bambalinas de un escenario preñado de granizo, llega del circo su salvación… Entregándose Uta, quien buscaba libertad.

Y… en un final inesperado y retorcido… Uta cambalacha su alma, que no tiene, por la de la vieja Genara… haciéndose inmortal.

“Señor del Moncayo” nace de las entrañas mismas del Cipotegato y pare un nuevo mito con dolor.

Fragmento:

…Con el ocaso se las puede ver, octogenarias, subiendo por las faldas del
Moncayo con sendas gayatas que no parecen necesitar. Van en busca de
plantas, o eso es lo que quieren pensar quienes las conocen.
Entrada la oscuridad, regresan al castillo que domina el pueblo. El dueño
del único bar aprendió hace tiempo a cerrarlo antes de la media noche. Los
mayores se emborrachan en silencio en sus casas; los jóvenes se van hasta
Tarazona para correrla, sabiendo que deben volver al día siguiente, si tienen
familia allí…


El rayo rojo

Roberto Malo

Teruel existe, pero está muy lejos. Sin embargo, eso no impide que sus calles sean visitadas por gentes de todos los lugares… E incluso por seres de otros mundos.

Fragmento:

…Observé ahí fuera a Blu. Mediría ya uno setenta. Yo, por mi parte, medía algo más de uno ochenta. No sabía lo que era más chocante; si sus pies azules, si su rostro azul, si su pelo azul. Me hubiera gustado contar con un gorro grande y con unas buenas gafas para así ocultarlo un poco, pero no tenía nada de eso. Cerré la cabaña y dejé la llave encima de la puerta. Caminamos hasta el coche, le abrí la puerta del asiento trasero y le indiqué que entrara. Él entró detrás, sin cuestionar nada. Salimos de allí…


Hijos del hielo

David Jasso

En los albores de la industrialización, el negocio de la producción de hielo natural en Fuendetodos se encuentra sumido en una grave crisis. En ese entorno, Manuel, un trabajador de los neverones, pierde a su esposa y se queda solo con dos niños pequeños. Su patrón y la esposa de este se ofrecen a ayudarle en su complicada situación familiar. Pronto surgirá un entramado de relaciones y sentimientos que culminará de forma cruel y dolorosa. Una historia de amor, venganza y terror que trasciende el tiempo y el espacio, y que descubre el frío que habita en todos los corazones.

Fragmento:

…Comenzó a golpear el hielo con el extremo de la cadena, solo logró que
saltaran diminutas placas de escarcha, pequeñas explosiones de gotas heladas.
Siguió golpeando con fuerza. Maldecía, gritaba, acompañaba cada golpetazo
con un sordo alarido. Los fragmentos de hielo y las gotas de agua volaban por
todas partes. Las sombras que Manuel producía bailaban una danza oscura y
siniestra, se convertían en parpadeos veloces que impedían seguir la imagen.
Como si alguien cerrara y abriera los ojos muy rápidamente, perdiendo
movimientos intermedios. Incluso las explosiones del agua salpicaban de esa
forma sincopada…


La leyenda de Escriche

Óscar Bribián

Diciembre de 1937. Guerra Civil Española. Antonio participa en el avance republicano que tiene lugar en las sierras turolenses para afianzar el cerco sobre la ciudad de Teruel. Las durísimas condiciones climatológicas ralentizan el avance y hacen más duros los enfrentamientos. Mientras el ejército gana algunas plazas y las brigadas toman posiciones, durante la noche las leyendas de la región, un insólito suceso y los animales salvajes perturbarán la aparente calma de las trincheras. Un relato sobrecogedor y trepidante, que navega entre lo cósmico y la realidad más dura de los inviernos y las guerras.

Fragmento:

“...Estaba a punto de despertar a David, quien debía relevarle, cuando creyó
oír algo en el exterior. Le recordó al chasquido de las ramas al partirse, y eso le alertó. Dio media vuelta a la vez que se incorporaba apoyándose en la culata del fusil, quedando de espaldas a la ventana. Casi cayó de bruces debido a sus piernas entumecidas por el frío. Cuando creyó que iba a poder mantener el equilibrio sin problemas, intentó permanecer en silencio con la oreja pegada a la ventana, pero solo consiguió oír el aullido del viento. Por el resquicio de las portezuelas se cercioró de que la nevada había cesado. Luego dedujo que era casi imposible escuchar el crujido de una rama con ese viento, y eso lo hizo tranquilizarse. Probablemente eran imaginaciones, pensó…