Señor del Moncayo

Fermín Moreno

El “Señor del Moncayo” se mueve en medio de historias que danzan paralelas.

La vida del viejo Antonio, entre lienzos y monedas que no cubren el día, se debate… La nostalgia surca su camino en los pliegues del tiempo y la inclemencia de la soledad, deja a su paso el recuerdo de su hija Eva, quien vive su dolorosa historia; desembocando en un sino ajeno a toda humana expectativa.

En un lugar cercano, Eva asume su culpa, en una historia de abandono, ignorancia supina y vertiginosa carrera por salvarse. Y de las bambalinas de un escenario preñado de granizo, llega del circo su salvación… Entregándose Uta, quien buscaba libertad.

Y… en un final inesperado y retorcido… Uta cambalacha su alma, que no tiene, por la de la vieja Genara… haciéndose inmortal.

“Señor del Moncayo” nace de las entrañas mismas del Cipotegato y pare un nuevo mito con dolor.

Fragmento:

…Con el ocaso se las puede ver, octogenarias, subiendo por las faldas del
Moncayo con sendas gayatas que no parecen necesitar. Van en busca de
plantas, o eso es lo que quieren pensar quienes las conocen.
Entrada la oscuridad, regresan al castillo que domina el pueblo. El dueño
del único bar aprendió hace tiempo a cerrarlo antes de la media noche. Los
mayores se emborrachan en silencio en sus casas; los jóvenes se van hasta
Tarazona para correrla, sabiendo que deben volver al día siguiente, si tienen
familia allí…

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